La convivencia no suele ponerse a prueba en las grandes celebraciones. Se pone a prueba un martes, cuando alguien quiere dormir, otra persona está haciendo una videollamada y un niño busca su mochila mientras la cafetera empieza a sonar.
VIVIR JUNTOS, SIN VIVIR ENCIMA: CÓMO DISEÑAR UNA VIVIENDA INTERGENERACIONAL
Una vivienda intergeneracional es un hogar en el que conviven personas de distintas generaciones. Para que funcione, necesita equilibrar espacios compartidos, intimidad y autonomía. No basta con añadir una cama: hay que pensar cómo se cruzan las rutinas y qué margen tiene cada persona para elegir cuándo estar acompañada.
Vivir con padres mayores, compartir casa con hijos adultos o reunir a tres generaciones puede ser una decisión deseada, una respuesta a una necesidad o ambas cosas. El proyecto no debería partir de una imagen idealizada de la familia. Debería partir de una pregunta bastante más útil: ¿qué necesita cada uno para sentir que esta también es su casa?
En este artículo
- Qué diferencia una casa compartida de una convivencia bien resuelta.
- Las preguntas que conviene hacerse antes de dibujar el plano.
- Cómo equilibrar encuentro, transición e intimidad.
- Ruido, baño y cocina: los puntos de fricción.
- Un ejemplo hipotético de distribución.
- Cómo prever cambios sin rehacer la vivienda.
- Preguntas frecuentes sobre vivienda intergeneracional.
UNA VIVIENDA INTERNGENERACIONAL NO ES UNA HABITACIÓN DE INVITADOS PERMANENTE
La hospitalidad permite acomodarse durante unos días. La convivencia necesita otra cosa: un lugar reconocible, pertenencias que no estén siempre guardadas provisionalmente y la posibilidad de decidir sobre la propia rutina.
Si una persona vive durante años en el cuarto que queda libre, tiene que atravesar el salón para ir al baño y no dispone de un espacio donde sentarse a solas, la casa le está asignando un papel de invitada. Aunque nadie lo pretenda.
CONVIVIR NO SIGNIFICA ESTAR SIEMPRE DISPONIBLE
Poder cerrar una puerta no es un rechazo a los demás. Puede ser lo que permite encontrarse después con ganas. La intimidad no compite con la vida familiar; le da espacio para respirar.
Por eso una casa multigeneracional no debería medir su éxito por el tamaño del salón. Importa tanto la mesa donde todos caben como la posibilidad de leer, descansar o hablar por teléfono sin ocupar el espacio de otra persona.
COMPARTIR VIVIENDA NO ES LO MISMO QUE DIVIDIRLA EN VARIAS VIVIENDAS
Una familia puede organizar ámbitos propios dentro de una única casa. Crear unidades residenciales independientes es una operación diferente, con implicaciones urbanísticas, técnicas y, en su caso, comunitarias.
Disponer de otra puerta o instalar una segunda cocina no convierte automáticamente una zona en una vivienda legalmente independiente. Esa posibilidad debe estudiarse antes de plantearla como solución.
ANTES DEL PLANO, UNA CONVERSACIÓN SOBRE LA VIDA COTIDIANA
El primer trabajo consiste en poner sobre la mesa cuestiones que a veces se dan por supuestas. No todo el mundo entiende lo mismo por tranquilidad, orden o compañía.
DIBUJAR HORARIOS, NO SOLO DORMITORIOS
Conviene conocer quién madruga, quién trabaja en casa, quién recibe visitas y quién necesita descansar durante el día. También si alguien requiere ayuda y en qué momentos.
Un dormitorio junto a la entrada puede facilitar una rutina independiente, pero resultar incómodo si allí se concentran llegadas y conversaciones. Una habitación próxima al baño puede simplificar el uso nocturno, siempre que el recorrido y el propio baño estén bien resueltos. Las decisiones dependen de la vida concreta de esa familia.
ACORDAR QUE SE COMPARTE Y QUE NO
Estas preguntas suelen aportar más que una colección de imágenes de referencia:
- ¿Se cocina y se come siempre juntos o hay horarios diferentes?
- ¿Quién necesita un espacio de trabajo que pueda cerrar?
- ¿Qué zonas deben quedar al margen de las visitas?
- ¿Dónde tendrá cada persona sus objetos cotidianos?
- ¿Qué tareas y cuidados se compartirán, y cuáles no se quieren asumir?
- ¿La convivencia se plantea como temporal o sin una fecha de finalización?
La arquitectura puede facilitar acuerdos, pero no sustituirlos. Un segundo baño reduce esperas; no decide quién lo limpia. Un despacho permite concentrarse; no resuelve por sí solo la disponibilidad para cuidar a otra persona.
TRES TIPOS DE ESPACIO
Una distribución útil no tiene por qué dividir la casa en compartimentos rígidos. Puede organizar diferentes grados de relación, desde lo más compartido hasta lo más reservado.
EL ESPACIO COMÚN: ENCIBONTRARSE SIN BLOQUEAR LA CASA
La cocina, el comedor o el salón deben permitir una convivencia cómoda sin convertirse en el único camino hacia todas las habitaciones. Cuando cualquier desplazamiento interrumpe a quien está sentado, trabajando o viendo la televisión, los metros parecen rendir menos.
La mesa y los asientos deben responder al número habitual de personas, no solo a las ocasiones especiales. También hay que comprobar qué ocurre cuando todos los muebles están en uso: una silla apartada puede estrechar un paso que en el plano parecía generoso.
Nuestro artículo sobre cómo detectar una mala distribución ayuda a reconocer esos recorridos que obligan a negociar el espacio a diario. En una convivencia entre generaciones, esa revisión adquiere todavía más importancia.
Las transiciones: unos metros que protegen la intimidad
Un pequeño distribuidor, una puerta bien situada o un cambio de dirección pueden evitar que desde la entrada se vea directamente una cama. No es necesario recurrir siempre a más superficie: a veces basta con ordenar mejor las vistas.
Eliminar todos los pasillos no es un objetivo en sí mismo. Algunos solo consumen metros; otros separan actividades, organizan puertas y permiten llegar a una habitación sin invadir otra. Su valor depende de lo que resuelven.
El ámbito propio: algo más que dormir
Cada persona o núcleo conviviente necesita un lugar donde guardar, descansar y desarrollar alguna actividad sin pedir sitio continuamente. Puede ser una habitación con una pequeña zona de lectura, un dormitorio con escritorio o dos estancias que compartan un ámbito tranquilo.
No hace falta reproducir un apartamento completo para cada generación. Sí conviene evitar que el salón sea el único lugar donde alguien pueda estar despierto fuera de la cama.
EL RUIDO QUE DIBUJA LA CASA
La intimidad visual es fácil de entender. La acústica suele descubrirse después, cuando una conversación atraviesa una puerta o una descarga de agua despierta a quien duerme al otro lado.
Separar actividades antes de añadir materiales
Siempre que las condiciones lo permitan, conviene alejar las actividades más ruidosas de los espacios de descanso. También estudiar la posición de instalaciones, lavadora y televisión respecto a las habitaciones.
Un armario puede ayudar a ordenar una transición, pero no garantiza por sí solo aislamiento acústico. El resultado depende del conjunto: paredes, puertas, encuentros constructivos e instalaciones, entre otros factores.
Una cortina no equivale a un cerramiento acústico
Los textiles pueden reducir la reverberación dentro de una estancia, pero no sustituyen una separación diseñada para limitar la transmisión del sonido entre habitaciones. Del mismo modo, una corredera convencional puede resolver la vista y dejar pasar buena parte de una conversación.
Para estudiar una intervención, el Documento Básico de Protección frente al Ruido del CTE y su documentación de apoyo son referencias técnicas. Su aplicación depende de las características y el alcance de la actuación; no conviene trasladar exigencias de un caso a otro sin comprobarlo.
En una vivienda compartida, el silencio no tiene que ser absoluto. Lo importante es que las rutinas puedan coexistir sin obligar a todo el mundo a llevar el mismo horario.
COCINA, BAÑO Y ALMACENAJE
Las decisiones que más se agradecen no siempre son las más vistosas. A veces consisten en poder preparar un desayuno temprano sin despertar a nadie o encontrar sitio para las propias cosas.
Una cocina compartida con distintas maneras de usarla
Antes de abrirla al salón, conviene valorar cuánto se cocina, a qué horas y si la actividad debe poder separarse de una conversación, una película o un descanso.
Puede interesar una conexión abierta, una apertura parcial o un cerramiento. La elección depende del uso, la ventilación y el espacio disponible. Ninguna opción es mejor en todas las viviendas.
La distribución interior también importa: superficie de trabajo suficiente, objetos accesibles y lugares claros para guardar. Duplicar todos los electrodomésticos no es necesariamente ganar autonomía; a veces solo multiplica la ocupación y el mantenimiento.
Un baño al que no se llegue atravesando la vida de otro
El número de baños influye, pero también su posición. Un segundo baño dentro de un dormitorio puede ser muy útil para quien lo ocupa y no resolver la espera del resto de la familia.
Hay que comprobar accesos, horarios y necesidades de ayuda. Si alguien necesita asistencia, el espacio debe permitirla sin comprometer su privacidad. Si se propone trasladar o crear un baño, la viabilidad depende de desagües, ventilación, instalaciones y condiciones del edificio.
PERTENENCIAS CON SITIO PROPIO
Compartir casa no obliga a compartir cada cajón. Reservar almacenaje para cada persona evita que unas pertenencias parezcan permanentes y otras, una invasión provisional.
Las soluciones de almacenaje en casa pueden adaptarse a este objetivo: distribuir lo que se guarda según quién lo usa y dónde lo necesita. El criterio no es llenar todos los huecos, sino reducir desplazamientos y fricciones.
Un ejemplo: tres generaciones y horarios distintos
Imaginemos una vivienda donde conviven una pareja, una hija adolescente y uno de los abuelos. Una persona teletrabaja varios días por semana; otra sale temprano; el abuelo suele descansar después de comer.
No hablamos de un proyecto concreto de Estudiodaes, sino de una situación hipotética que permite ordenar las preguntas.
El problema no sería simplemente conseguir cuatro habitaciones
Si el espacio de teletrabajo ocupa el salón, el dormitorio del abuelo queda junto al televisor y el baño común se alcanza atravesando el área de trabajo, la distribución produce interrupciones antes incluso de elegir los muebles.

QUÉ CONVENDRÍA ESTUDIAR
Podría valorarse un puesto de trabajo que se pueda cerrar, un dormitorio protegido de las actividades más ruidosas y un recorrido al baño que no atraviese ámbitos ajenos. La adolescente necesitaría también un espacio propio que no funcione como zona de paso o almacén familiar.
Las claves para organizar una oficina en casa pueden ayudar a pensar el lugar de trabajo, pero aquí debe encajar en una convivencia más amplia. No se trata de adjudicar la mejor habitación a una sola actividad y resolver el resto con lo que sobre.
El plano definitivo dependería de la luz, las dimensiones, la estructura y las instalaciones. El ejemplo no propone una distribución universal: muestra por qué conviene empezar por las relaciones entre usos.
Preparar la casa para que la convivencia pueda cambiar
Las necesidades de una familia no permanecen quietas. Una habitación puede dejar de ser despacho, una estancia temporal puede alargarse y alguien puede necesitar más apoyo que al principio.
Flexibilidad que no exija transformar la casa cada mañana
Un espacio flexible no debería obligar a plegar, mover y esconder continuamente. Puede ser una habitación de proporciones útiles, con iluminación y tomas suficientes, que admita distintos muebles a lo largo de los años.
Las puertas, los armarios y las instalaciones deben dejar margen para esos cambios. También conviene revisar la accesibilidad desde el principio, sin dar por hecho que solo afecta a la persona de más edad.
MATERIALES COMPARTIDOS, GASTOS PROPIOS
Una base coherente de pavimentos, carpinterías y luz puede unir el conjunto sin imponer que todos los dormitorios sean iguales. Las preferencias personales caben en la casa: no hace falta borrar la identidad de quienes llegan para conservar la de quienes ya estaban.
La selección de materiales que envejecen bien ayuda a pensar en el uso continuado y el mantenimiento. En una vivienda de varias generaciones, además, conviene decidir quién podrá hacerse cargo de ese cuidado.
En Casa Sorní, la organización de los espacios y la continuidad visual forman parte de la propuesta publicada por el estudio. Es una referencia para observar cómo se puede dar unidad a un interior, no un caso que presentemos como vivienda intergeneracional. La composición visual y la organización de la convivencia son cuestiones relacionadas, pero distintas.
PREGUNTAS FRECUENTES
¿Qué es una vivienda intergeneracional?
Es una vivienda donde conviven personas de distintas generaciones. Un diseño adecuado combina espacios de encuentro con ámbitos propios, recorridos útiles y condiciones que faciliten la autonomía de sus habitantes.
¿Hace falta una casa grande para vivir varias generaciones?
No existe una superficie que por sí sola garantice una buena convivencia. Importan la ocupación, la habitabilidad y la posibilidad real de disponer de intimidad, descanso y servicios suficientes. Si el espacio no permite resolver esas necesidades, la decoración no puede compensarlo.
¿Es necesario instalar dos cocinas?
No. Puede bastar una cocina compartida bien organizada. Una segunda cocina debe responder a una necesidad real y a una solución viable; si forma parte de una división en viviendas independientes, requiere un estudio específico de su legalidad y condiciones técnicas.
¿Cómo se puede ganar intimidad sin dividir completamente la casa?
Ordenando las vistas, evitando atravesar espacios privados, colocando puertas donde resulten útiles y estudiando la transmisión del ruido. También reservando a cada persona un ámbito donde pueda estar sin ocupar siempre una zona común.
¿Qué diferencia hay entre vivienda intergeneracional y cohousing?
La primera expresión describe la convivencia entre generaciones. El cohousing se refiere a una forma de vivienda colaborativa que suele combinar espacios residenciales privados con servicios o zonas comunes y participación en su organización. Puede ser intergeneracional, pero no toda familia que comparte casa constituye un cohousing.
UNA CASA DONDE EL ENCUENTRO SEA UNA ELECCIÓN
El mejor resultado no es que todos hagan lo mismo a la vez. Es que puedan llevar vidas distintas sin sentirse lejos, y estar juntos sin renunciar a un espacio propio.
Antes de decidir cuántos tabiques mover, merece la pena hablar de horarios, visitas, cuidados, trabajo y descanso. En los proyectos de interiorismo y arquitectura de Estudiodaes, esas necesidades pueden traducirse en decisiones de distribución, materiales e instalaciones dentro de una misma propuesta.
Si estáis pensando en compartir vivienda entre generaciones, contadnos cómo os gustaría vivir juntos. El proyecto empieza ahí: no en hacer que todo el mundo quepa, sino en que cada persona encuentre su lugar.








